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Curiosidades IV: la Jara, el antibiótico de la Naturaleza

La Jara (también conocida como Estepa) es una flor silvestre bella de las garrigas mediterráneas. Os vais a sorprender leyendo el post de hoy. Toda la vida rodeados de jaras y sin saber todo su potencial! Como entrante, fundamental saber que algunas especies se comportan como pioneras en la recuperación de suelos ¡¡degradados!! Explicaremos el porque más adelante. El tema es extenso así que nos centraremos en las del género «Cistus» (otro día en las «Halimium«).

Jara

Etimología de la Jara

El nombre del género “Cistus” algunos dicen que procede del griego “Kisthós”, que al latinizarse se convierte en “cisthos”. Otros autores lo relacionan con la palabra griega “Kiste”  cuyo significado es caja o cesta, por la forma de sus frutos. ¿Algo se parece, no?

Jara

Y la palabra “Jara” vendría del árabe «Xara«. Del adjetivo “velluda, peluda” con el tiempo pasó a denominar la tierra cubierta de vegetación haciendo referencia a los matorrales. Al ser en el clima mediterráneo el género Cistus abundaba y ese nombre de Jara se les quedó.

¿Cómo son?

Comenzamos el post diciendo que son estupendas para recuperar suelo incendiado. Esto se debe a que son «pirófitas». Estamos acostumbrados a que nos digan que los incendios forestales son un desastre destructor de los ecosistemas. Y es así, pero muchas plantas de clima mediterráneo están muy bien preparadas contra el fuego debido a una relación cuyo origen se remonta a millones de años. Estas plantas encontraron sus estrategias de recuperarse ante situaciones adversas y, en el caso de las Jaras, después de los incendios. Son capaces de rebrotar mediante vástagos que se generan a partir del cuerpo del individuo quemado.

Algunas plantas estén especialmente adaptadas al fuego y su supervivencia a largo plazo es imposible sin él. Este fenómeno se conoce como “Serotinia”. Las Jaras producen muchas semillas de pequeño tamaño que quedan enterradas en el suelo. Tras el incendio (involuntario, queremos pensar) las semillas se abren y encuentran su momento ideal para germinar, ya que se generan espacios abiertos con mucha luz, sin competencia con otras plantas y con nuevos recursos minerales procedentes de las cenizas. Esta estrategia les permite que tras el fuego disfruten de una oportunidad para ocupar zonas en las que antes no estaban. Algunas especies, como C. Ladanifer o C. Laurifolius son resinosas, lo que favorece que ardan aunque estén verdes.

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Si observamos nuestro entorno podemos darnos cuenta de que hay diferentes especies de Jaras según: altura, frondosidad y colores de sus flores. Éstas dependiendo de la especie pueden ser de colores blancos, rosas y rojizos… o a la vez en diferente tonos.

Las flores de Jara salen a mediados de primavera hasta junio, tomando el relevo a las vivaces tempranas. Sus flores son grandes, vistosas con frágiles y efímeros pétalos, arrugados (como de papel). Anuncian la pronta llegada de la primavera. ¿Habéis visto las del jardín?

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Las hojas son verdes grisáceas brillantes en la cara superior y pegajosas en la inferior.

Las Jaras sirven de escondite para muchos animales que habitan en su entorno, enriqueciendo así el ecosistema.

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En “Mi Jardín Ibérico”, un parque ecológico en Madrid, puedes encontrar estas Jaras o Cistus de 4 especies: C. Albidus, C. Ladanifer, C. Salvifolius y C. Monspeliensis. ¡Ven a disfrutarlos!

Son plantas perennifolias, arbustivas y leñosas. Sus flores son hermafroditas con cinco grandes pétalos. Muchos de ellos los verás en el suelo 😊 Poseen numerosos estambres por lo que producen gran cantidad de polen (de hecho, es una flor melífera). Así que significa que atraen a muchos insectos. En nuestras excursiones escolares nos acercamos a cualquier de nuestras Jaras y siempre podemos enseñar a los alumnos un sinfín de insectos a su alrededor. ¡Fascinante!

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Son también «alelopáticas». Entre otras cosas, sus hojas al caer segregan una sustancia que inhiben la germinación de semillas impidiendo el desarrollo de hierbas adventicias no deseadas (las llamadas “malas hierbas”). Por lo que, son super prácticas en la jardinería de bajo mantenimiento (jardines xerófitos).

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Pueden formar masas compactas que cubren totalmente el terreno, formando un matorral espeso. Y lo mejor para nosotros y disfrutar de ellas es que la mayoría de sus especies son indiferentes al sustrato (suelo): ácido, neutro o alcalino.

El Cistus requiere mucho sol. No suele enfermar, pero debe tenerse cuidado si surge una planta rastrera amarilla alrededor, ya que puede parasitar sus raíces llamada «Hipocístide carmesí» (Cytinus ruber).

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Si se exponen al viento se aconseja colocar estacas o tutores para mantenerlas erguidas. Requieren poca poda o ninguna. Pero si se hace debe ser en invierno y el despunte se realizaría tras la floración para que se desarrollen más frondosas. La corteza si está madura mejor no cortarla.

Los trasplantes no siempre funcionan, pero si se desea intentar, se debe hacer en primavera y con todo el cepellón. Con semillas recogidas a finales del invierno y plantadas en primavera o con esquejes semileñosos recogidos en verano, se puede multiplicar.

Las Jaras de nuestro jardín sostenible

Te hablamos un poco más concretamente de las que tenemos en “Mi Jardín Ibérico”:

C. Albidus

Mata de entre 50 y 100 cm de altura, no muy ramosa. Realmente no tiene flores blancas, sino rosadas, de 5 cm de diámetro y solitarias o en grupos de tres o cuatro en la terminación de las ramillas. Se usa con frecuencia en jardinería.

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C. Ladanifer (Jara pringosa)

Arbusto de hasta 2,5 m de altura. Sus hojas son alargadas y estrechas. Están impregnadas de una sustancia pegajosa, el ládano o láudano (resina fuertemente olorosa) que les da un aspecto brillante y se adhiere fácilmente a las manos y ropa. Sus flores son muy grandes (10 cm) y con cinco pétalos blancos. Es la especie más frecuente en la región mediterránea occidental.

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Es una muy popular planta ornamental, que crece con un follaje aromático y flores llamativas.

C. Salvifolius

Mata que no sobrepasa el metro de altura. Sus hojas son pequeñas, cubiertas de cortos pelillos y con nerviación reticulada. De ahí su semejanza la salvia. Se ha usado como astringente en Marruecos y en Grecia como sucedáneo del té.

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C. Monspeliensis

Pequeña mata de unos 80 cm. Vive en suelos pobres y a pleno sol. No aguanta las heladas. Por eso su área de distribución se limita a las zonas bajas y cálidas de la región mediterránea y hasta las islas Canarias; incluido Montpellier, en el sur de Francia. De ahí su nombre.

 

Propiedades

Cosméticas:

Regenera las pieles maltratadas por el tiempo y es astringente.  Cicatriza y regenera células de la piel. Por lo que es un excelente antiarrugas y antienvejecimiento!!

También es muy demandada para la producción de fijador de perfumes.

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Farmacológicas:

Ha sido catalogada como el “antibiótico de la naturaleza”.

Es hemostática, ante una herida sangrante con una gota pararías de sangrar inmediatamente. Si sales al campo y te haces una herida observa si ves alguna jara. Si es así coge las hojas pegajosas y hazte una “tirita” improvisada. Truco de Scout.

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Aunque ya no se usa, el ládano o laudanum se tomaba en jarabes para la tos. En formato de linimentos, pomadas y emplastos se empleaba para el tratamiento de dolores reumáticos.

Al contener ladaniol también se suministraba para el tratamiento de problemas gástricos, úlceras y mala digestión. Y resultó muy eficaz como sedante y regulador del sistema nervioso.

El ládano antiguamente

Interesante aprender que antiguamente, el ládano se recogía a base de peinar las barbas y el pelaje de las cabras y ovejas que pastaban entre los arbustos de estos Cistus. Fabricaron herramientas para su recogida. Se ha descubierto un ejemplar utilizado en Creta que es como una especie de rastrillo al que se fijaba una doble hilera de correas de cuero en lugar de púas. Se raspaba el arbusto y los pastores recogían esta resina y la vendían a comerciantes.

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Con ella se fabricaban incienso, y medicinalmente ya conocían sus beneficios contras resfriados, tos, problemas menstruales y reumatismo.

No confundir con el “Láudano” creado por Paracelso

Paracelso (médico y alquimista del S. XVI) prescribió ampliamente el opio como un analgésico a lo largo de sus viajes por toda Europa. Tenía visión comercial y cambió el nombre de la droga por uno que fuese más atractivo, y así nació el tan conocido “láudano”. Su fórmula consistía en vino blanco, azafrán, clavo, canela y otras sustancias además de opio. Lo recetaba para absolutamente todo. La aspirina de su tiempo. Necesario destacar que su uso extremo conducía a la adicción principalmente por su principio activo de la morfina, con cantidades menores de codeína y de narcotina.

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El láudano se venía empleando desde el siglo XVI, y para algunos su uso extendido supuso un grave problema de salud durante el siglo XIX. No obstante, el empleo de opiáceos debe ser contextualizado con los problemas de salud de la época (cólera, la malaria y la disentería).

En el siglo XVII, el doctor Sydenham, el Hipócrates inglés, comercializó su propia fórmula. Se dice que él mismo llegó a recetar unos ocho mil litros.

En Francia lo circuló con su propia fórmula también el abate Rousseau, un misionero y diplomático favorito de Colbert. Con clientela tan ilustre como Richelieu, Colbert y el propio Luis XIV no fue una sorpresa que se le otorgase un “doctorado honorífico por la Sorbona” como premio a su invento.

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El láudano vivió su máximo esplendor durante el S. XIX. De hecho, aquí en España, fue una medicina de «tenencia mínima obligatoria» en todas las farmacias hasta el año 1977. 

Curiosidades:

-Con su evolución la Jara ha llegado a crear sus propios resortes de supervivencia que la hacen indestructible. El ládano que recubre sus hojas protege al arbusto de los rayos solares y es muy inflamable. De ahí que las Jaras propaguen los incendios forestales con facilidad, eliminando así a sus competidores.

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-Se emplea como ingrediente en la producción de fragancias para fijar de perfumes. Y su olor resulta rico, tenaz y complejo, similar al aroma del ámbar gris. Se utiliza como su sustituto ya que ha sido prohibido su uso (el del ámbar gris) en muchos países porque proviene del cachalote, especie en peligro de extinción.

– También el aceite de ládano es una alternativa al perfume del ciervo almizclero que llegó a ser uno de los productos de animales más caros del mundo.

-El extracto de ládano también se utiliza como aditivo al aroma del líquido del cigarrillo electrónico. Particularmente, en aromas de tabaco. Es más, las hojas de Jara se utilizaron como sustituto del tabaco.

– La especie C. Monspeliensis en las islas Canarias se usa para ahumar el queso. Le da un sabor característico y lo preserva del deterioro.

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-Las hojas fueron estropajo para limpiar recipientes y se le dieron propiedades de conservación para estos utensilios.

La madera de C. Ladanifer es durísima. Se usa en la fabricación de pequeñas herramientas o piezas que van a sufrir gran rozamiento. Además es excelente como leña.

-En la antigüedad, el ládano era producido en las orillas del Mediterráneo. El «Libro del Génesis» lo menciona dos veces, transportado a Egipto desde Palestina. La palabra “loth” (resina) en esos dos pasajes suele interpretarse como referencia al ládano.

-Percy Newberry, especialista en el Antiguo Egipto, ha llegado a afirmar que la falsa barba llevada por Osiris y los faraones pudo haber representado originalmente una barba de cabra embebida en ládano. También argumentaba que el cetro de Osiris fuera probablemente un instrumento para recoger ládano, similar al utilizado en la Creta del siglo XIX a.C.

También podía representar el ládano las lágrimas que caen del ojo de Horus.

Esperamos que os haya resultado apasionante esta lectura de hoy. Desde luego se aprenden muchas cosas a través de las plantas. Si quieres saber más de nuestros talleres de jardinería sostenible o planes familiares apúntate a nuestra Newsletter mensual en asociacion@jardiniberico.es  😉 

 

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